6 consejos de interiorismo que mejoran el bienestar emocional de casa. ¿En serio?
Según el informe 2025 de la Fundación Roja Española, el 30% de los españoles presenta bajos niveles de bienestar emocional. Un dato revelador sobre esta realidad social que también pone sobre la mesa otra; el interiorismo residencial como herramienta para diseñar entornos que favorezcan bajar el ritmo y mejorar dicho bienestar. Atentos a estos 6 consejos. Con ellos la vivienda es mucho más que un espacio bonito y funcional, se convierte en algo así como un refugio donde recuperar energía y dejar atrás los estímulos de la vida diaria.
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Cómo el buen interiorismo favorece nuestro bienestar emocional
Hasta hace nada el diseño de interiores residencial era sinónimo de aplicar estilos, colores, muebles y tendencias decorativas. Hoy, sin embargo, sus objetivos son más amplios y cuando se inicia un proyecto también es esencial concebir que sus espacios domésticos sean capaces de facilitar las rutinas, favorecer el descanso y reducir algunos de los estímulos que nos generan sensación de saturación, en definitiva, malestar psicológico.
Según Carlos Rubio, interiorista y director de INSENIA (Instituto de decoración y diseño de interiores y arquitectura ), durante mucho tiempo se han valorado las viviendas por su estética o por su comodidad. Ahora, los profesionales empiezan a entender que el bienestar emocional está cambiando la manera de diseñar los hogares y éste pasa por ayudar a sus habitantes a vivir mejor, sin agotarse.
En su opinión, una casa bien diseñada no exige un esfuerzo constante para ser habitada: ordena, facilita las rutinas diarias y nos acompaña. Por tanto, el verdadero interiorismo no solo se queda en estéticas bonitas, estudia cómo se viven los espacios y cómo facilitar el día a día. Es una realidad social que las casas están asumiendo más tareas que nunca y eso obliga a buscar propuestas que ayuden a vivir con mejor calidad en sus interiores, favoreciendo las rutinas.
La luz, la acústica, el orden visual y la distribución, los materiales elegidos y la paleta de colores son determinantes. Condicionan nuestra manera de descansar, concentrarnos y convivir.
1. Luz natural y artificial, esencial en cualquier diseño interior
Es un elemento clave para propiciar ambientes más o menos serenos en función de la actividad a desarrollar en ellos. La iluminación puede servir para acompañar, activar o relajar. Sin embargo, aún se cae en la tentación de verla solo como un añadido decorativo.
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Mientras que la iluminación natural de los interiores influye en su percepción espacial, en los ritmos de actividad y descanso y en la sensación de amplitud óptica, la artificial no se queda atrás. También es capaz de lograrlo, sobre todo cuando se trabaja con temperaturas cálidas, puntos de luz indirectos y escenas lumínicas según momentos del día.
Por ejemplo, no es lo mismo iluminar una cocina con una gran actividad diaria, que un dormitorio, un rincón de lectura dentro del salón o un recibidor.
2. Los materiales y su peso emocional
Ahora hay una necesidad real de rodearse de interiores domésticos que transmitan armonía, serenidad y conexión con lo natural. Y para ello, entran en escena materiales y superficies muy concretas; maderas en su más amplia extensión de la palabra, fibras naturales, cerámicas con texturas o acabados mate, revestimientos continuos junto a tejidos muy gustos, súper agradables al tacto, son los recursos más habituales.
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Gracia a ellos los ambientes domésticos de hoy se encuentran años luz de interiores fríos, excesivamente artificiales o brillantes. Denotan una sensibilidad sensorial muy beneficiosa para el bienestar emocional en casa.
3. Una distribución bien pensada
Puede parecer obvio, pero no siempre las distribuciones espaciales funcionan bien dentro de una casa. Cuando se ha planteado adecuadamente, cada función encuentra su lugar, y no olvidemos que son muchas las tareas a realizar. Repasemos: descansar, trabajar, cocinar, compartir, ordenar, desconectar, en esencia.
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Es clave que los espacios sintonicen con el día a día de sus habitantes. Cuando un espacio interior fluye, la vida diaria también lo hace. Una buena planta puede ser el primer paso para mejorar el anhelado bienestar.
4. Color como paleta coherente
No existen fórmulas infalibles ni recetas universales a la hora de pensar en la elección de los colores. La estrategia pasa más bien por construir una paleta coherente con el uso de la estancia y las sensaciones que nos apetece enfatizar. Una de las bases más empleadas para la creación de atmósferas serenas es la de tonos neutros que, además, destacan por su calidez y naturalidad.
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Hablamos de beiges, arenas, blancos rotos, verdes apagados, piedras, arcillas o terracotas rebajados. Una de las maneras de evitar una cierta rigidez visual cuando son usados, es rodearlos de muebles y accesorios de formas orgánicas y diseños de líneas redondeadas; matizan y ayudan a crear conjuntos más envolventes.
5. La acústica, esa gran olvidada
Aunque desempeñe un papel esencial, muchas veces es un factor olvidado dentro de un diseño interior. Una casa tranquila depende en gran medida de cómo suena, además de que esté correctamente ordenada o bien decorada. De ahí la importancia de evitar ruidos exteriores, reverberaciones y ausencia de intimidad sonora, pues afectan en gran medida a la concentración y al descanso de sus habitantes.
Son muchos los recursos que proporcionan una mejoría notable en la percepción de confort sonoro: cortinas, alfombras, paneles textiles, tapizados, puertas bien aisladas, etc.
6. Orden visual, otro imprescindible
Carlos Rubio apunta que el orden no es un concepto que pueda llegar a convertirse en una obsesión estética, sino una herramienta de bienestar. Son muchas las soluciones pensadas para ayudar a conseguirlo dentro de nuestros interiores, evitando la temida saturación espacial y decorativa. Con armarios integrados, mediante un almacenaje oculto, planteando cocinas despejadas, zonas de paso limpias y una selección de objetos decorativos muy bien pensados, de una forma más consciente.
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Queda claro que a día de hoy diseñar una vivienda implica diseñar un estilo vital, el de sus habitantes. Y que la belleza no deja de ser importante, pero al servicio de la vida cotidiana que sucede dentro de los hogares.

















































































































































































































































































































