IA e Interiorismo: ¿moda o amenaza?
¿Queda muy malparado el mundo del interiorismo ante la consolidación de la IA en nuestras vidas? Es la pregunta que seguramente se llevan haciendo hace un tiempo sus profesionales junto a decoradores y sectores alineados. En definitiva, ¿cuál es su futuro, serán suplantados por máquinas inteligentes programadas para realizar oficinas, restaurantes y demás espacios? Aunque el panorama parezca incierto, ni es una moda ni es un enemigo, pero su llegada lanza varios retos: redefinir esta profesión y mirar la tecnología con otros ojos. Si os interesa… seguidnos por aquí y descubriréis qué opinan algunos entendidos en el tema.
¿La IA quita puestos de trabajo a la figura del interiorista?
Para Carlos Rubio, director de INSENIA, la Escuela de Diseño de Interiores en Madrid, la IA ya está actuando en esta dirección, es capaz de asumir todas esas “tareas mecánicas” y trabajos virtuales desarrollados con programas de ordenadores. En su opinión esa realidad es buena porque deja a los interioristas libertad y mayor tiempo para la creatividad y la estrategia con el cliente.
Digamos que los servicios accesorios y tediosos, como pueda ser la creación de imágenes virtuales, ya los está asumiendo ella y al parecer en tiempo récord. Pues bien, esto, lejos de ser una mala noticia o amenza es, muy al contrario, un pretexto perfecto para que la profesión viva un nuevo impulso muy regenerativo.
Hacia un cambio de paradigma
Otra de las conclusiones a las que se ha llegado es que la figura del interiorista puede invertir más tiempo, añadir valor en una serie de aspectos que antes competían con las tareas más mecánicas asumidas en la actualidad por la IA.
Ahora, muchos interioristas pueden dejar atrás lo de pasar horas y horas ante su ordenador ante el encargo de una reforma, la rehabilitación de un hotel o el diseño de una oficina. Delegar en la IA ese esfuerzo mecánico consistente en realizar una serie de procesos repetitivos con la finalidad de mostrar a sus clientes una demostración virtual de cómo sería el trabajo final lo suficientemente rápido y convincente.
Liberarse del trabajo más tedioso y menos creativo para centrarse en lo que realmente vale y es decisivo a la hora de afrontar un proyecto: pensar, escuchar, conectar con los clientes y con las personas que hay detrás de las marcas. El trabajo puramente técnico queda relegado a un segundo plano para prestar relevancia a la figura de un profesional más dinámico y creativo.
El plus de lo humano
La tecnología artificial no ha llegado para sustituir a los profesionales del interiorismo, sino para ayudarlos y sacar su lado más humano. Así lo entiende, Carlos Rubio, que sabe perfectamente cuáles son las exigencias de la mayoría de los clientes hoy en día. Al margen de que sea un particular, un hotel o un emprendedor, no busca los servicios de un interiorista para que se pase 20 horas a la semana diseñando espacios en 3D.
Necesita que el tiempo invertido con él sea mucho más rentable y eficaz diseñando una estrategia, entendiendo la filosofía del negocio o estilo de vida de la familia… Y, por último, creando soluciones reales, concebidas para transformar un espacio concreto en una experiencia única, funcional y memorable.
La IA no puede hacerlo todo
La profesión del interiorismo está repleta de matices y acciones en el día a día que la IA no se puede plantear llevar a cabo. Los algoritmos no pueden traspasar la pantalla del ordenador para visitar la obra del proyecto y hacer el seguimiento de cómo se está ejecutando. Tampoco está capacitada para visitar el taller de un carpintero o ebanista donde se está haciendo el mobiliario a medida con intención de comprobar con sus propias manos cómo están quedando los acabados.
Otro aspecto que no sabrá hacer es ajustar in situ el tono de una pintura elegida teniendo en cuenta un factor esencial como es la incidencia de la luz natural sobre este revestimiento una vez aplicado en un espacio concreto, una habitación, por ejemplo.
Lo que sí hará y con notable eficacia es generar y visualizar al instante infinidad de ideas, paletas cromáticas y distribuciones espaciales. Y esta agilidad puede convertirse en una gran ventaja para los profesionales, podrán perder el miedo a querer arriesgar con el diseño. Con ella todo se puede explorar en tiempo real.
Todo menos espacios de catálogo
El interiorismo de hoy tiene que ser más auténtico y personal que nunca, evitar que la introducción de la IA haga que todo termine pareciéndose a un catálogo de internet. Evitar restaurantes clónicos, oficinas sin identidad corporativa y “casoplones” de revista pero sin alma y encanto alguno.
Dos herramientas insustituibles para que estos profesionales puedan evitarlo son el trabajo de campo y la sensibilidad. De su mano, los interioristas siempre podrán pisar el terreno, filtrar lo que encaja en el proyecto y lo que no y, en definitiva, asegurarse de que todas esas ideas virtuales proporcionadas por la IA pueden ser transformadas en realidades funcionales y decorativas impecables y cargadas de identidad propia.
Estas conclusiones sobre la mesa nos llevan a otra reflexión para este sector y sus profesionales. Que el interiorismo no vive su final ante la entrada por la puerta grande de la IA, en cambio lo más justo es afirmar que tiene por delante un periodo de mayor humanidad, creatividad y ambición.











































































































































































































































































































